sábado, 21 de septiembre de 2013

ECONOMIA DE "EL FIN DE LA HISTORIA...PARA EL POBRERIO"


                            
No es porque lo proclamen de nuevo Hegel, Marx, vaya, ni Fukuyama; lo dice a la sorda el sistema capitalista-neoliberal que nos domina y prepara así su acción genocida. El sistema de poder ya no puede seguirse presentando como democracia perfectible, sus mil máscaras que lo cubren se agotan y no se expondrá a que le miren su verdadero rostro. Antes, dará la batalla final.

Sus jugarretas también se acaban y cada vez debe fingir menos; este drama estriba en que a la fecha no tienen a un gran filósofo que plante cara por ellos y los justifique (el último “notable” fue Federico Nietzche, el filósofo de la Alemania nazi).

Los burgueses llegaron al poder y acapararon riquezas y  territorios guerreando, robando y derramando sangre por todo el mundo; nunca tuvieron piedad y hoy tampoco la tendrán. Su último dios  -el mercado y su mano invisible- es una patraña que ya ni ellos creen; por ello, porque saben que son minoría y aunque tienen la ventaja en armamento, podrían ser vencidos si la mayoría, esto es, los excluídos, el pobrerío, se sublevan.

El nuevo sujeto histórico de estos tiempos, el pobrerío, ya es demasiado en su cuantía; los excluídos,  los marginados,  los desposeídos, los desempleados y  todos aquellos que ya no le sirven al sistema porque el ejército industrial de reserva (analizado por Marx en El Capital) y representado por el proletariado industrial, ha crecido tanto en estos tiempos de predominio de la técnica (criticada por el pro-nazi Martín Heiddeger) que ya le sobra y le estorba la mano de obra, debido precisamente al gran desarrollo tecnológico de la  ¿humanidad?

Precisando, la inmensa acumulación de la riqueza en pocas manos ha propiciado que la codicia capitalista llegue al extremo de llevar a las últimas consecuencias la máxima nietzcheana: el poder, para conservarse, debe crecer; o sea, acumular más y más cada vez…. sin compartir.

Toda vez que su lógica le lleva a conservarse creciendo, el moderno capitalismo salvaje deja de invertir en actividades productivas para enfocarse en las especulativas y es allí donde el proceso de exclusión de las mayorías le dicta que éstas son innecesarias y le causan enormes costos económicos y sociales que no está dispuesto a pagar permanentemente.

Si ya no interesa su explotación, si ya no son clientes por carecer de empleo y poder adquisitivo, entonces para qué le sirven? Su existencia le impone a los dueños del dinero proporcionarles servicios médicos, asistenciales, vivienda, alimentación, educación, recreación, etc., gastos que ya no está dispuesto a solventar. Además se reproducen como conejos.

En cambio, son un peligro potencial para sus fines porque están engrosando las filas de la delincuencia y, eventualmente, podrían incorporarse a la guerrilla revolucionaria. Además, su inútil existencia también devasta al planeta.

El gasto que implica sofocar a la  “prole”  (ejército, policía, aparato judicial, comunicacional, político y demás), es pan que no llevan a su boca y por ello les urge depurar a la raza humana para evitar todos los riesgos que implica dejarla vivir.

Inermes y claudicantes ante sus verdugos (los barones del dinero), el pobrerío solo espera el fin de su historia la cual se gesta en todas las formas conocidas, viejas y nuevas, a saber: guerras, hambrunas, pobreza, enfermedades, alimentación con transgénicos-cancerígenos, bombas financieras, etc., todo lo cual permitirá a la clase dominante seguir existiendo y depredando a la sociedad y al planeta.

La parte de la humanidad en riesgo inminente de ser exterminada es el 80 % el 16 % serán súbditos y tan solo un 4 % será la clase rectora del nuevo orden mundial.

¿En cuanto tiempo empezaremos a caer como moscas? El panorama de terror será visible en unos 50 años y el período de exterminio durará de unos 15 a 20 años, no más.

Así, el mejor de los mundos posibles funcionará como un relojito; los burgueses gozando de la vida y del gran botín obtenido y la plebe encorvándose (como ya ocurre ahora) flojitos y cooperando ante el poder del dinero. Nos vencieron por ignorancia, ceguera inducida y cobardía.

Por lo demás, salvo el genocidio descrito, el resultado de la lucha de clases no será tan disparejo: ellos serán dueños de todo y nosotros (los que quedemos) tendremos la fe.

                                                                         Afectísimo en Marx