No es porque lo proclamen de nuevo
Hegel, Marx, vaya, ni Fukuyama; lo dice a la sorda el sistema
capitalista-neoliberal que nos domina y prepara así su acción genocida. El
sistema de poder ya no puede seguirse presentando como democracia perfectible,
sus mil máscaras que lo cubren se agotan y no se expondrá a que le miren su
verdadero rostro. Antes, dará la batalla final.
Sus jugarretas también se acaban y
cada vez debe fingir menos; este drama estriba en que a la fecha no tienen a un
gran filósofo que plante cara por ellos y los justifique (el último “notable”
fue Federico Nietzche, el filósofo de la Alemania nazi).
Los burgueses llegaron al poder y
acapararon riquezas y territorios
guerreando, robando y derramando sangre por todo el mundo; nunca tuvieron
piedad y hoy tampoco la tendrán. Su último dios
-el mercado y su mano invisible- es una patraña que ya ni ellos creen;
por ello, porque saben que son minoría y aunque tienen la ventaja en armamento,
podrían ser vencidos si la mayoría, esto es, los excluídos, el pobrerío, se
sublevan.
El nuevo sujeto histórico de estos
tiempos, el pobrerío, ya es demasiado en su cuantía; los excluídos, los marginados, los desposeídos, los desempleados y todos aquellos que ya no le sirven al sistema
porque el ejército industrial de reserva (analizado por Marx en El Capital) y
representado por el proletariado industrial, ha crecido tanto en estos tiempos
de predominio de la técnica (criticada por el pro-nazi Martín Heiddeger) que ya
le sobra y le estorba la mano de obra, debido precisamente al gran desarrollo
tecnológico de la ¿humanidad?
Precisando, la inmensa acumulación de
la riqueza en pocas manos ha propiciado que la codicia capitalista llegue al
extremo de llevar a las últimas consecuencias la máxima nietzcheana: el poder,
para conservarse, debe crecer; o sea, acumular más y más cada vez…. sin
compartir.
Toda vez que su lógica le lleva a
conservarse creciendo, el moderno capitalismo salvaje deja de invertir en
actividades productivas para enfocarse en las especulativas y es allí donde el
proceso de exclusión de las mayorías le dicta que éstas son innecesarias y le
causan enormes costos económicos y sociales que no está dispuesto a pagar
permanentemente.
Si ya no interesa su explotación, si
ya no son clientes por carecer de empleo y poder adquisitivo, entonces para qué
le sirven? Su existencia le impone a los dueños del dinero proporcionarles
servicios médicos, asistenciales, vivienda, alimentación, educación,
recreación, etc., gastos que ya no está dispuesto a solventar. Además se
reproducen como conejos.
En cambio, son un peligro potencial
para sus fines porque están engrosando las filas de la delincuencia y,
eventualmente, podrían incorporarse a la guerrilla revolucionaria. Además, su
inútil existencia también devasta al planeta.
El gasto que implica sofocar a
la “prole” (ejército, policía, aparato judicial,
comunicacional, político y demás), es pan que no llevan a su boca y por ello
les urge depurar a la raza humana para evitar todos los riesgos que implica
dejarla vivir.
Inermes y claudicantes ante sus
verdugos (los barones del dinero), el pobrerío solo espera el fin de su
historia la cual se gesta en todas las formas conocidas, viejas y nuevas, a saber:
guerras, hambrunas, pobreza, enfermedades, alimentación con
transgénicos-cancerígenos, bombas financieras, etc., todo lo cual permitirá a
la clase dominante seguir existiendo y depredando a la sociedad y al planeta.
La parte de la humanidad en riesgo inminente
de ser exterminada es el 80 % el 16 % serán súbditos y tan solo un 4 % será la
clase rectora del nuevo orden mundial.
¿En cuanto tiempo empezaremos a caer
como moscas? El panorama de terror será visible en unos 50 años y el período de
exterminio durará de unos 15 a 20 años, no más.
Así, el mejor de los mundos posibles
funcionará como un relojito; los burgueses gozando de la vida y del gran botín
obtenido y la plebe encorvándose (como ya ocurre ahora) flojitos y cooperando ante
el poder del dinero. Nos vencieron por ignorancia, ceguera inducida y cobardía.
Por lo demás, salvo el genocidio
descrito, el resultado de la lucha de clases no será tan disparejo: ellos serán
dueños de todo y nosotros (los que quedemos) tendremos la fe.
Afectísimo
en Marx