sábado, 21 de junio de 2014

ECONOMIA DE LA VERDAD ES UNA HIJA DE LA ...... VOLUNTAD DE PODER


          ECONOMIA DE  LA VERDAD ES UNA HIJA DE                        LA……… VOLUNTAD            DE PODER

A Javier Prado Galán, con el cariño de mi sincera amistad

Desde pequeño tuve la inquietud de saber qué cosa realmente era la verdad como una forma que me guiara a llevar un recto andar en la vida; más tarde, en los inolvidables cursos de Ontología dictados por el padre Raúl Durana (salud, Tata), le aprendí que la verdad era la concordancia de la realidad con el pensamiento, definición que probablemente tomó de su autor de cabecera Emirich Coreth. Creí resuelta mi duda pues esa definición goza de un impecable formalismo que convence; además, en mi tercera alma mater leí que  “la verdad nos hará libres”.

Pasados los años, volvieron las dudas porque académicamente entendí que la verdad, a partir de que el sujeto cognoscente kantiano como constructor del objeto del conocimiento y por ende de la realidad, resultaba descartada por la inolvidable frase de Marx en el prólogo de 1859 (1)  “no es la conciencia la que crea la realidad, es la realidad la que crea la conciencia”.

Demonios (pensé) entonces ya sé por qué Hegel decía que el mundo camina por el lado malo; la verdad no es ese valor platónico suprasensible que al solo conocer su definición, incita en automático a los hombres a hacer el bien.

¿La verdad es utilitaria?  Nietzche me dio algunas respuestas: la vida humana no es espiritual, es material. La vida deviene porque su eje dinámico es la voluntad de poder, la voluntad de conquista que tiende a encarnarse en el superhombre.- El hombre es un puente entre la bestia y el superhombre.

Dice este filósofo al que bigotes no le faltaban que, buscando en los orígenes de la moral uno encuentra que el mal es el protagonista de la historia. Por ende, dios es el creador del mal y éste goza de mayor afán entre los hombres por obra de la voluntad de poder.

Así, en la antigüedad, la aristocracia griega era la creadora de la verdad y por esa razón se autollamaban los veraces. Ellos no eran un clase social, sino espiritual (decían) porque eran seres superiores con derecho a reinar sobre los plebeyos. Así, se desmarcaban de la rectoría divina.

Nietzche dice que hay vida porque la vida tiende a conservarse y a aumentarse, pero para aumentar hay que tener voluntad de poder, que es el eje de la vida. Y también, la v. de p. debe quererse a sí misma y su imperativo es entonces el aumento constante.

El neoliberalismo (fase extrema del capitalismo salvaje) conquista y aumenta; no puede detenerse porque moriría, debido a que, el que solo conserva se muere.

Así digo, la verdad es una creación de la voluntad de poder; por medio de la verdad, su  verdad, nos hacen saber lo que ellos quieren que sepamos. También, veo que las distintas verdades, colisionan entre sí y triunfa la que está respaldada por la que emite la mayor fuente de poder.

Luego entonces, la verdad es una lucha para conquistar la supremacía de mi verdad sobre la verdad de los demás. Puro interés particular. En Nietzche, los nazis abrevaron lo suficiente para hacer estallar dos grandes guerras y por ello vemos que la historia es la lucha por imponer mi poder al poder del otro y con ello imponer mi verdad. Por ello, se considera que Federico tenía suficientes méritos para ser considerado un nazi.

Caras y variadas implicaciones. Con el neoliberalismo, vivimos como testigos presenciales los tiempos de la fiesta dionisiaca, la fiesta de los instintos, la embriaguez de la conquista, el festín de la bestia rubia y el guerrero bárbaro de dos disfraces: financierista y garrotero cuya liberación de sus instintos lo hace sentir en plenitud.   Su lema: ganar, ganar, ganar.
                                                          Muchas Gracias

                            AMÉ LA BELLEZA y ME REALICÉ EN LO HUMANO

                             LIC. VÍCTOR ALBERTO CASADO MEDINA, D.E.M.
                                                     Testigo de Antonio Pedro      
20/Junio/2014



(1)     Prólogo a la Crítica a  la Economía Política.- Londres, 1859